Recorre las salas y notarás la influencia del diseño mudéjar, donde los motivos geométricos islámicos y la delicada ornamentación suavizan la espina dorsal de piedra de la fortaleza.
Si alguna vez has garabateado un castillo que parecía sacado de un libro de cuentos, lo más probable es que estuvieras dibujando inconscientemente el Alcázar de Segovia. Encaramada dramáticamente en una colina rocosa donde confluyen dos ríos, esta belleza torreada es la fortaleza más cinematográfica de España.
De residencia real a academia militar, el Alcázar ha lucido muchos sombreros (¿o deberíamos decir coronas?). Fue aquí donde la reina Isabel I recibió a Cristóbal Colón antes de su famoso viaje que cambió el curso de la historia. Siglos más tarde, el cuerpo de artillería español lo utilizó como campo de entrenamiento, lo que marcó su cambio de sede real a fortaleza militar.
Al recorrer sus pasillos, percibes el espíritu perdurable de las generaciones pasadas. Este refugio histórico ha vivido periodos de florecimiento artístico, trascendencia política y reinvención arquitectónica que siguen conformando su carácter. Desde sus inicios medievales hasta su prominencia real, cada época aportó capas a su intrigante historia. Hoy sigue siendo un icono cultural de Castilla y León, que encarna siglos de poder, política y esplendor españoles.
Sí, a los Infantil les encantan las torretas y las pantallas de blindaje. Vigílalos en la subida a la torre.
No hay un código estricto, pero es imprescindible llevar calzado cómodo para los adoquines y las escaleras.
No, no se permiten alimentos ni bebidas dentro de las salas. Hay cafés y restaurantes cerca, en el casco antiguo de Segovia.
Los cochecitos no están permitidos en el interior. Es mejor utilizar una mochila porta bebé si viajas con niños pequeños.
No hay aparcamiento directamente en el castillo. Hay aparcamiento de pago en el casco antiguo de Segovia, a unos 10 minutos a pie.